lunes, 8 de octubre de 2012

Historias del MISE, parte I

En una de las asignaturas del máster -de las que mas me gustaron y mas aprendí- teníamos que diseñar, programar e implementar la "parte electrónica" de un coche. Las comillas son debidas a que no teníamos el coche como tal y de una forma u otra, terminamos haciendo un poco lo que pudimos... en principio, el coche tenia que tener un sistema de control de velocidad, airbag, abs, temperatura, gps, detectar si el conductor se duerme, limpia parabrisas y luces automáticas y posiblemente alguna cosa mas.

Al final, el día de la presentación no funcionaba nada, pero eso es otra historia. En cualquier caso, por separado mientras hacíamos pruebas, las luces se apagaban y encendían solas en función de la iluminación, había un sensor de humedad para unos limpia parabrisas ficticios, una temperatura real, un sistema para detectar si te acercas demasiado al coche de delante o como ayuda para aparcar, un sistema de seguridad que hacia solar una alarma asquerosa que se te metía hasta lo más profundo del cerebro cuando se abría la puerta del coche (de cartón), el gps, el control de velocidad y el velocímetro... y todo mediante PIC's conectados por bus CAN (más o menos)  y con una placa TS-7400 como sistema de control principal. Además, por si queríamos trabajar varios a la vez sobre la placa y no estorbarnos unos con otros, había dos TS-7400 (realmente tres pero eso no lo sabíamos en principio).

Durante los primeros días de clase, cuando la mitad de la clase se preguntaba que era una TS y la otra mitad como se encendía aquella cosa, a la vez que atendíamos a la explicación del profesor sobre drivers para linux, entró en la clase un personaje peculiar, un chaval. El niño en cuestión se expresaba con el volumen de voz que la mayoría de la gente acostumbra a denominar "me tienes hasta las pelotas" cuando llevas mas 15 segundos con él, pero por simplicidad, seguiremos llamándolo "niño".

Sin mucho preámbulo, ni un buenas tardes, el niño dijo: "vosotros tenéis dos, así que me llevo una". Y sin más explicación, se llevo una de las placas. Uno puede imaginar la cara que se nos quedo a los alumnos, pero es mucho más complicado de describir la del profesor al que interrumpió en medio de la explicación.

Llegados a este punto, no es difícil entender porque no aguantamos a Niño. En aquel momento no teníamos muy claro que estaba pasando, solo sabíamos que nos habíamos quedado con una placa menos y en el momento tampoco parecía tan trágico. Hasta que las placas empezaron, misteriosamente, a estropearse...

... continuará.