martes, 18 de septiembre de 2007

Se avecina una tormenta: Segunda parte


Las segundas partes nunca fueron buenas, al menos, eso dicen, y esta no va a ser menos. Si no te gustan los chistes malos no sigas leyendo.

El domingo granizó, en condiciones, aquí en Salamanca, como se puede ver en la foto desde mi balcón.
El lunes en la fábrica, de la que algún día hablaré, llovía, y había una tormenta cerca, a un par de kilómetros según mis estimaciones, Mi compañera andaba diciendo que si nos caía un rayo en la fabrica, se iba a quemar o se podría romper... yo como buen estudiante de física, y sin tener en cuenta los efectos sobre el cuerpo, argüí que no nos pasaría nada; la chapa metálica del tejado absorbería toda la energía eléctrica del rayo y la enviaría a tierra, sin tener nosotros porque sufrir efecto alguno, en caso de que esta fuera muy fina, pudiera ser que se sobre calentara y llegara a fundirse o no, si el calor disipado es muy alto y la nave fuera pequeña, podríamos pasar un poco de calor, o mucho, pero con una nave grande, con las puertas abiertas con una corriente de aire no parece posible.
Otra opción a tener en cuenta es que el impacto provocara un trueno que dañara los tímpanos en primer caso y que nos tirara al suelo, ya puestos a exagerar...o no.

En cualquier caso, siempre hay un pez mas grande, y al lado tenemos una antena de teléfono, con lo cual, mi teoría final es que solo escucharíamos un gran estruendo.

Ahora es cuando viene la parte interesante, por que esto si no, se parece a cosmocore.
Estaba yo esta tarde con Josemi (aka Goro) contándole esto y pensando otras posibles formas de sobrevivir a un rayo, cuando EL (que quede claro que esta vez no es mi culpa) soltó lo siguiente:

" [...] yo creo que es muy difícil que te caiga un rayo encima [...] a no ser que ese día hayas comido muchas lentejas "